
Aimee era conocida por su ingenio, su amor por la música y su dedicación a su familia y sus amigos. Siguió los pasos de su padre, Ron, un periodista y comunicador de larga trayectoria, y desarrolló una destacada carrera en la cobertura de deportes, tribunales y política.
Con tan solo 38 años, Aimee sufrió un accidente cerebrovascular grave que derivó en una condición extraña y devastadora conocida como “síndrome de enclaustramiento”. Estaba completamente consciente, pero no podía moverse, hablar o respirar por su cuenta; estaba trágicamente atrapada en un cuerpo que ya no funcionaba. Podía pensar y sentir emociones, pero solo se podía comunicar abriendo y cerrando los ojos para responder “sí” o “no”.
Cuando su padre le preguntó si quería dejar este mundo en sus propios términos, ella cerró rápido los ojos para responder que sí. Luego, le preguntó si deseaba honrar la decisión de convertirse en donante de órganos, que había tomado cuando le dieron la licencia de conducir, y cerró los ojos de nuevo para confirmar que sí.
El regalo de Aimee salvó a tres personas, incluso a Kris Vanni, esposa y madre de la Florida, quien necesitaba con urgencia un trasplante de hígado debido a su enfermedad.
“Gracias a la valiente decisión de Aimee yo tengo un futuro”, dijo Kris. “Puedo estar presente en todos los momentos importantes de la vida de mis hijos, pasar más tiempo con mi esposo y crear recuerdos nuevos”.
Hoy, Ron llama de manera cariñosa a Kris su “hija adoptiva”. Quienes recibieron las donaciones de Aimee son un recordatorio de que su espíritu sigue vivo.
“Cuando este mundo perdió a Aimee, su presencia siguió viva en otras personas”, dijo Ron. “Su fortaleza y generosidad no terminaron con su partida; continúan a través de todas las personas a las que inspiró y de las vidas que salvó”.