El ejemplo de mi hijo Danny y la fortaleza de donar órganos

Por Peggy (Pino) Campa

Mi hijo Danny tenía una fortaleza que era única en él. Era gracioso, obstinado en el mejor sentido de la palabra y seguro de sí mismo. Se desenvolvía en el mundo con una confianza que reflejaba una madurez superior a la de su edad. Así era Danny. Su espíritu competitivo y dedicación se hacían notar en el campo de béisbol y lo llevaron a jugar para la Academia de la Marina Mercante de Estados Unidos.

Cuando Danny tenía 15 años, un amigo de la familia nos dio un consejo acerca de la donación de órganos. Había tenido una experiencia negativa y nos recomendó no indicar nuestra condición de donantes en la licencia de conducir. Parecía un consejo sabio y me lo tomé muy en serio. Unos meses más tarde, llevé a Danny al Departamento de Vehículos Motorizados (DMV) para que sacara su licencia de conducir y compartí el consejo con él. Pensé que era mejor no registrarse como donante. Él me escuchó. Asintió con la cabeza. Pensé que eso era todo.

Danny tenía apenas 19 años cuando lo atropelló un automóvil en Tallahassee mientras visitaba a unos amigos. Tras una batalla de siete días contra una lesión cerebral traumática, Danny partió en sus propios términos. De la manera en que siempre hacía las cosas.

Luego, un personal de enfermería me llevó aparte y me contó que tres años antes, el día que fuimos al DMV juntos, Danny se había registrado como donante de órganos. La noticia me tomó por sorpresa. Pero aun así, me reí entre lágrimas porque era algo tan propio de Danny. Obstinado. Seguro de sí mismo. Y con la certeza de saber exactamente lo que quería para su vida a los 15 años, y también para lo que viniera después. En ese momento supe que no tenía otra opción más que respetar sus deseos. Estoy profundamente agradecida de que haya dejado en claro esos deseos.

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